miércoles, 18 de mayo de 2016

La importancia de la cirugía de pared abdominal

Cuando se ejerce el periodismo en el ámbito local, un curso, o un congreso, nacional, siempre ofrece la oportunidad de entrevistas con profesionales a los que, de normal, no se accede con facilidad. En Avilés, contamos con citas periódicas, como el congreso internacional sobre el Tratamiento Asertivo Comunitario. Pero también citas puntuales como un curso sobre cirugía de hernia que en marzo de 2016 citó en el Hospital Universitario San Agustín a los mejores cirujanos de la especialidad.


Pilar Hernández Granados. Foto: Marieta


La cirujana Pilar Hernández Granados es la coordinadora de la sección de Pared Abdominal de la Asociación Española de Cirujanos (AEC), la principal sociedad científica de esta especialidad en España. Ayer fue una de las ponentes en las Jornadas sobre Cirugía Abdominal y de Hernia en el Hospital San Agustín.
- Casi 200 cirujanos han pasado por el congreso de Avilés para formarse y debatir sobre la cirugía de la pared abdominal y la hernia. ¿Qué significa para usted como máxima responsable de esta cirugía en la principal sociedad científica de cirujanos de España?
- La cirugía de pared abdominal ha pasado de ser la gran olvidada a ser una especialidad importante y reconocida. En todos los hospitales de todos los niveles se hace cirugía de pared abdominal. Podrá no hacerse un transplante, pero una hernia inguinal o una eventración se opera en todas las partes del mundo. Cuanto mejor lo hagamos y más difundamos nuestros conocimientos, los resultados serán mejores. Esto repercutirá directamente en la calidad de los pacientes, en la atención que reciben.
- ¿De qué número de intervenciones hablamos?
- ¿Y si no existe ese experto?
- Debes enviar a los pacientes a sitios donde se pueda resolver ese problema. No intentar hacerlo con tu falta de experiencia, escaso conocimientos, poca formación o escasa disponibilidad de recursos.
- ¿Pero no existe una barrera mental para desplazarse unos kilómetros para una operación?
- Entre los pacientes, pero también entre los profesionales, que tienen reticencias sobre la marcha de un paciente de un hospital. Hoy en día, con la facilidad de desplazamientos es fácil que los pacientes acudan a centros de referencia para cirugía extremadamente compleja. En cada comunidad autónoma puede haber uno o dos, depende de sus características. No es lo mismo Asturias que Andalucía.
- En Madrid tienen experiencias.
- Hay experiencias de colaboración inter-hospitalaria entre los doctores López Monclús y García Ureña. Pero son ellos los que se mueven, no los pacientes. Es un germen.
- ¿La cirugía mínimamente invasiva es el siguiente paso?
- Al igual que la laparoscopia empezó con mucha fuerza, pero la ha ido perdiendo. Se usa para casos muy concretos, muy pequeños. El mayor reto es la prevención, especialmente cuando se ha operado una pared abdominal.
Entrevista publicada en La Voz de Avilés el 19 de marzo de 2016

lunes, 16 de marzo de 2015

Una mano amiga contra el Parkinson

Las asociaciones de enfermos desempeñan un papel fundamental en la atención a los pacientes de enfermedades crónicas. Como periodista, siempre te abren las vías para interesantes artículos, además de poder conocer y comprender el alcance de esa dolencia.
En este caso, es un trabajo con la Asociación de Parkinson de Asturias, con la actividad de su sede en Avilés. 

Foto: Marieta

«¿Sirve Molleda como nombre de río?» La pregunta, a medio camino entre la duda y la broma, aporta un respiro en la terapia del llamado taller de memoria que, cualquier martes o jueves, realizan los pacientes atendidos por la Asociación de Parkinson Asturias en los locales del hotel de asociaciones de El Arbolón, su sede desde hace poco más de un año y que, hasta el momento, ha cerrado un largo capítulo de itinerancias por Avilés donde se formó la delegación de Parkinson Asturias allá por el año 2000.


«Estuvimos en varios sitios: en los locales de la Asociación de Vecinos de El Arbolón; en Los Canapés, en el Centro de Apoyo a la Integración de Villalegre... Aquí estamos muy a gusto», asegura Rosa Saldaña, más conocida como Rosi, actual vicepresidenta de la Asociación y delegada en Avilés.
A sus locales acuden cada martes y jueves de cuatro a siete de la tarde para realizar diferentes actividades con el objetivo último de mejorar la situación de una grave enfermedad degenerativa. También reciben a cualquier familia donde se le haya diagnosticado un Parkinson dispuestos a ayudarles en la medida de sus posibilidades.
A lo largo del pasado año, la Asociación atendió en Avilés a 22 personas en diferentes talleres, además de abordar problemáticas concretas en once casos particulares. Sus servicios cubren campos como la atención social, fisioterapia, logopedia y todo tipo de recursos que ayuden a mejorar la calidad de vida de los enfermos.
«La enfermedad del Parkinson produce síntomas motores, pero también un deterioro cognitivo y efectos emocionales y psicológicos en la persona», explica la psicóloga Olaya Pérez Álvarez, encargada de talleres estimulación cognitiva que se imparten en la ciudad.
La actividad es posible gracias al compromiso de 87 socios, de los que 40 sufren Parkinson en diferentes niveles de la enfermedad, fundamentalmente de Avilés y Castrillón. El resto son familiares o personas que han vivido directamente la enfermedad y se han comprometido con la mejora de la calidad de vida de los pacientes.
Es el caso de Rosa Saldaña. Se asoció a Parkinson Asturias a raíz de la enfermedad de su esposo y, tras su fallecimiento, mantuvo su compromiso para ayudar a otras familias.
Este voluntariado hace posible el día a día de la asociación que, gracias a las aportaciones del 0,7% que se marca en la casilla de proyectos de Interés Social en el Impuesto sobre la Renta de las Personas Físicas, consigue los fondos necesarios para mantener la estructura profesional con la que trabaja. Logopedas, fisioterapeutas y psicólogos realizan un tarea fundamental para los pacientes. Su cartera de actividades también incluye talleres de taichi, transporte adaptado, musicoterapia, incluso el apoyo de un auxiliar de geriatría.
«Cuando una persona marca en la casilla correspondientes de la declaración de la Renta actividades de interés social hace posible que estos servicios se presten», explica Rosa Saldaña.
Mejora en la mayoría
Lo cierto es que los datos de los talleres durante 2014 muestran una mejoría en la mayoría de las 22 personas que participaron en ellos. Así, en el 27% de los asistentes se registró una mejoría en la evolución de la enfermedad, mientras que el 45% se mantuvo estable. Tan sólo empeoraron un 28% de todos los asistentes.
La evolución de las personas cambió en función de su sexo. En el caso de mejorías se produjo más en hombres (un 18% de los participantes) que en las mujeres (un 9%). Ellas se mantuvieron más estables (un 36%) frente a los hombres (9%). Sin embargo, en los varones se registró un mayor porcentaje de empeoramiento pues marcó un 23% frente al 55 de las féminas.
A lo largo del pasado año, la entidad atendió a todas las personas que acudieron y se confía en que, durante 2015, se pueda mantener esta capacidad de respuesta.
Con todo, en el trabajo se cubren más campos, como la atención que se prestó a once casos de forma individual para resolver problemas concretos. Además, hubo 5 casos que recibieron atención psicológica de forma individual. «Uno de los aspectos más duros del Parkinson es que la persona es consciente del deterioro que sufre y para muchos resulta muy duro de asumir», comenta Olaya Pérez.
También hay variables que no figuran en la estadística de la delegación comarcal o, sencillamente, no se contabilizan.
Entre los primeros figura, por ejemplo, la asistencia a sesiones de hidroterapia impartidas en el Hospital Universitario Central de Asturias, y donde acuden todos los asociados que las necesiten dos días a la semana. Entre las segundas, aparece la función de 'respiro' que ofrecen los talleres a las familias.
«Nuestros talleres no se plantean como un recurso de respiro, lo que se busca es la mejoría del enfermo, pero sabemos que para algunas familias representa un alivio en la convivencia con la enfermedad», explica Olaya Pérez Álvarez.
La asociación aprovecha la posibilidad que ofrecen los locales de El Arbolón para poder distribuir todas sus actividades. Los talleres de estimulación cognitiva se organizan en una sala conjunta con todos los asistentes, mientras que la fisio y logoterapia se ofrecen de forma individualizada.
En los talleres, Olaya Pérez trabaja diferentes aspectos: desde recuerdos y capacidad de comunicarse verbalmente a poder realizar gestos de la vida cotidiana como comer, ponerse las gafas o pintarse los labios.

Artículo publicado en La Voz de Avilés el 16 de marzo de 2015

martes, 14 de octubre de 2014

Gastar mejor para hacer más

La colaboración entre la atención especializada y los centros de salud es un campo donde cada vez hay más noticias. La dispersión de la red de Atención Primaria complica cubrir ese campo, pero no impide que sea un foco de buenas noticias, como esta que habla de la colaboración para mejorar el seguimiento a los pacientes diabéticos. 


Desde la izquierda, parte del equipo del Centro de Salud de La Magdalena que ha hecho posible el proyecto, Amalio Fernández, José María López, Antonia Mogollón, Josefina Colao, responsable de enfermería del centro, José Cachón, coordinador del centro, y Víctor García. / MARIETA



El Centro de Salud de La Magdalena de Avilés ha aplicado con éxito el control con retinografías a pacientes diabéticos en la fase piloto de un programa que se aplicará al área sanitaria. Su objetivo final es mejorar la asistencia médica a un colectivo de enfermos que, por causa de la retinopatía, sufren con frecuencia una pérdida de la agudeza visual que puede llegar a causar ceguera.

La doctora Victoria Abelairas, jefa del servicio de Oftalmología en el Hospital San Agustín, destaca que cada cinco años se duplica la incidencia de la diabetes. En Avilés alcanza los 11.500 pacientes. De ellos, el 35% sufre retinopatía diabética, entre el 4 y el 6% retinopatía diabética proliferante y del 1,4 al 7,9% edema macular diabético.

No existen diferencias en su incidencia por sexos y es mas frecuente en pacientes en mayores de 79 años, con las dificultades que siempre supone para una persona de avanzada edad la pérdida de visión. La compra de un retinógrafo portátil, con una inversión de 18.000 euros por parte del Servicio de Salud del Principado de Asturias (SESPA), y la existencia de una sólida red informática entre Atención Primaria y el especializada permitió poner en marcha este programa de cribado para detectar precozmente la existencia de problemas visuales en estos pacientes.

Primero, en La Magdalena

Para ponerlo en marcha, desde la gerencia del Área Sanitaria III se pensó en el Centro de Salud de La Magdalena como el lugar adecuado para realizar una experiencia piloto. Varias razones apuntaban a ello.
Por una parte, ya contaban con una experiencia previa hace cinco años en la realización de retinografías. Además, con una cobertura de 20.000 personas y dos consultorios periféricos (La Carriona e Illas), en él se reflejaban todas las realidades de la comarca, tanto en el ámbito urbano como rural. Cuenta, además, con un equipo sólido, con lo que era más fácil impulsar una propuesta de este equipo. Los pacientes de los consultorios debieron desplazarse hasta el centro de salud.
La experiencia piloto se aplicó durante los dos meses y medio del pasado verano. Previamente, médicos y personal de enfermería recibieron una formación específica tanto de oftalmólogos del Hospital San Agustín como del personal de la empresa a la que el SESPA compró el retinógrafo portátil.
Hoy en día sólo puede entender la medicina como un trabajo en equipo. Por eso, junto con la formación del personal sanitario, los administrativos del centro de salud jugaron un papel fundamental para el éxito del programa.
José Cachón, coordinador del Centro de Salud de La Magdalena, asegura que «el trabajo del área administrativa fue clave. Sin ellos y una buena organización del equipo no lo hubiéramos logrado». Y es que a las administrativas no sólo les correspondió la tarea de citar a unas 600 personas en un margen de dos meses y medio.
«No fue sencillo. Había que llamarles, explicarles de que se trataba y cómo era la prueba. Era la primera vez que se hacía y no sabían de qué se trataba. Había que explicarles que no existía ningún problema. En la próxima ronda, será todo más sencillo porque la mayoría ya sabrán de que se trata», explica Antonia Mogollón, del área administrativa del Centro de Salud de La Magdalena.
Estos 600 pacientes representan el 80% de los diabéticos atendidos en La Magdalena. «Se excluyó a personas que ya se encontraban atendidas por el Hospital San Agustín o habían realizado la prueba hace poco tiempo; también a los diabéticos cuyo diagnóstico era reciente y no existe el riesgo de retinopatía», detalla Cachón.
Fueron los enfermos del Centro de Salud de La Magdalena los que se encargaron de realizar la retinografía, una fotografía digital de la retina. Posteriormente, los facultativos la estudiaban.
«Hacer la retinografía es sencillo. La mayor dificultad es que muchos pacientes son personas mayores y no les resulta sencillo quedar con el ojo quieto a una persona de 80, de 94 años como nos ha sucedido», explica José María López.
En esta primera serie, no faltaron anécdotas, como la vez en que la pantalla donde se ve el resultado aparecía lo que López define como «una especie de lagarto verde».
Era algo que nunca se había comentado en los cursos de formación. Así que no dudó en avisar urgentemente al médico Víctor García. «Había caído un poco de baba del paciente anterior en la cámara, así que limpiamos la lente y la prueba se hizo sin problemas. Pero era algo que nunca nos habíamos planteado y comenzamos a hacer desde entonces», recuerda García.
Sin molestar a los pacientes
Los médicos del Centro de Salud aprovechaban sus reuniones de equipo de cada viernes para comentar las pruebas. «Mantenemos estos encuentros desde hace muchos años y siempre han ayudado a todo el equipo», asevera el doctor Cachón.
Una vez realizada la prueba, a través de internet, los médicos del Centro de Salud estudiaban el resultados. Al Hospital San Agustín se enviaban sólo las pruebas con problemas, cerca de un centenar. De ellas, sólo 16 (el 2,6%) necesitaron un tratamiento específico.
Esta fase del proceso se hacía de forma interna, sin molestar a los pacientes. Es decir, los oftalmólogos del Hospital San Agustín analizaban las retinografías y confirmaban o no el diagnóstico. En caso positivo, se citaba al paciente desde el San Agustín para iniciar el tratamiento.
De esta manera, la Atención Especializada alcanzaba un seguimiento impensable hasta la fecha y, los pacientes, accedían al diagnóstico de una forma mucho más rápida y precoz.
Los profesionales de Atención Primaria, sobre los que recae un parte fundamental en la atención al enfermo diabético, también se benefician de este programa. «El seguimiento de los problemas en el ojo siempre era muy complicado y ahora resulta más sencillo», explica José Cachón.
Después de La Magdalena, el equipo estuvo en Cudillero y, la semana pasada llegaba al Centro de Salud de Piedras Blancas. A él también irán algunos de los integrantes del equipo de La Magdalena para compartir su experiencia.
El retinógrafo seguirá rotando por todo el Área Sanitaria hasta regresar a La Magdalena en el plazo de año y medio o dos años. «Cuando no existen lesiones, la prueba se debe repetir cada dos años. En el momento de que se ha detectado la retinopatía, ya es atendido por Oftalmología», explica el doctor Víctor García.
De esta manera, a lo largo de 2016, el Centro de Salud de La Magdalena volverá a organizar su cribado a los pacientes. «Al saberlo, ya podremos avisar a los pacientes previamente en la consulta y estará todo mucho mejor organizado», destaca Antonia Mogollón.

Reducir la lista de espera en 1.000 personas

El servicio de Oftalmología del Hospital San Agustín destaca la importancia de la puesta en marcha de este cribado que llega a la comarca después de unas primeras experiencias en el Área Sanitaria I, Jarrio, y en Gijón, entre el Centro de Salud de La Calzada y el Hospital de Jove. «Hemos contado con el protocolo elaborado por el Servicio de Salud del Principado (SESPA) y lo hemos adaptado a las circunstancias de nuestra Área Sanitaria», explica la doctora Victoria Abelairas, jefa del servicio de Oftalmología en el Hospital San Agustín.
La doctora Abelairas destaca la importancia de la combinación de la telemedicina con la coordinación entre Atención Primaria y especializada para mejorar el tratamiento a los pacientes diabéticos. «El objetivo es mejorar el diagnóstico precoz, evitando que se produzcan casos con una pérdida importante de agudeza visual. Hoy en día, disponemos de los tratamientos para ello, siempre que se traten de forma precoz», comentó.

Dentro del Hospital San Agustín, los oftalmólogos Juan Barbón y Candi Viña asumen el seguimiento y control de los casos de retinopatías diabéticas. Son ellos los encargados de impartir los cursos de formación al personal de Primaria, tanto de enfermería como facultativos. Los cursos vienen a durar 2,5 horas cada uno, explicando tanto la realización de las pruebas como su interpretación.
«Estamos muy satisfechos con los resultados. Todo el mundo se está implicando mucho», comenta Juan Barbón. El médico también destaca la calidad de las retinografías enviadas. «Lo normal es que remitan al Hospital entre un 7 y un 15% de pruebas dudosas. Y en esta primera tanda hicieron un 16%. Es un dato muy bueno. Luego se comentan las pruebas, con lo que se seguirá aprendiendo».
Barbón destaca la importancia para el servicio de Oftalmología, uno de los que tiene más presión asistencial en el centro, este programa. «Nos permitirá atender a entre 1.000 y 2.000 personas, que saldrán de las listas de espera. Presenta muchos beneficios para todos, comenzando por el paciente, que tendrá mucho mejor controlada su evolución», concluye.


Artículo publicado en La Voz de Avilés el 14 de octubre de 2014





lunes, 3 de marzo de 2014

Elogio del celador

Con frecuencia, escribir de sanidad es hacerlo de médicos y enfermería; de mejoras en los tratamientos y de nuevas enfermedades, de los retos de la gestión... Pero también existen estamentos que forman una parte imprescindible en la gestión sanitaria y que sólo se notan cuando no están. O lo hacen mal. Los celadores son uno de ellos. Así surgió este reportaje.

Celadores del Hospital San Agustín. Foto: Marieta

Cierre los ojos. Imagine el Hospital San Agustín sin celadores: ¿quién llevaría los enfermos desde Urgencias a las unidades de hospitalización? ¿O en el propio servicio de Urgencias? ¿Cómo se adaptaría la mesa del quirófano para una determinada operación? ¿Cómo llegarían los medicamentos a las plantas? ¿O la correspondencia? Imagine, ahora un centro de salud sin personal subalterno. ¿Quién se encargaría de que todo estuviese listo a primera hora? ¿Qué profesional trasladaría al paciente impedido?
Son algunas de las funciones que ejercen los celadores o personal subalterno en el Área Sanitaria III, en total 107 profesionales distribuidos entre atención primaria y especializada, con una misión sencilla pero, al tiempo, fundamental de apoyo a la actividad administrativa y sanitaria.
Y allí, entre ambos mundos, se encuentran estos profesionales que, en ocasiones, resulta difícil de distinguir entre todo el personal de los centros de salud.
«Ellas suelen ser enfermeras; a nosotros nos suelen confundir con médicos», comenta Antonio Saavedra, celador desde 1986 y que actualmente trabaja en el retén del Hospital San Agustín, el equipo encargado de la asistencia a las plantas del centro. Y es que, ante muchos usuarios, estos profesionales suelen pasar desapercibidos. No es por la falta de contacto, pues desde la entrada por Urgencias es uno de los estamentos que más tiempo pasan en contacto con el paciente. «En el centro de salud, terminas siendo como uno de la familia; incluso algunas personas, especialmente mayores, te llaman cuando llegas para que las saludes», comenta Antonio Rodríguez Domínguez, 'Tony', celador desde 1991.
«Una vez en el quirófano, preparando una cesárea, la chica me cogía de la mano y me decía que no me fuese. Allí estuve hasta que la sedaron», recuerda Montserrat Pire, celadora adscrita al servicio de quirófano que, además del traslado de pacientes, se encargan de aspectos como adaptar la mesa a las características de la intervención.
«Lo que más me gusta es el contacto con el paciente», afirma Carmen Herrero, celadora en el Servicio de Urgencias, donde reciben el enfermo y los trasladan al triage.
Relación con los pacientes
Si en algo coinciden los celadores con quienes conversó LA VOZ DE AVILÉS es que la relación con los pacientes es la dimensión más importante en su actividad, sencilla pero sin la que el sistema se atascaría. «Lo que hacemos parece sencillo, pero aportamos calidad y calidez a nuestro trabajo. En el tiempo que llevo de celador, veo que el 90% de los compañeros hacen un trabajo admirable, comprometidos con el paciente», asegura Antonio Rodríguez Domínguez, 'Tony ', celador en el Centro de Salud de Villalegre- La Luz y que trabaja como tal desde 1991.
Por eso no es de extrañar que, de forma periódica, los celadores participen en los cursos de formación, tanto del Servicio de Salud del Principado de Asturias como del Instituto Adolfo Posada. Los cuatro reconocen una voluntad de mejora permanente en su trabajo.
Ellos son cuatro de los 129 celadores del Área Sanitaria III y sus palabras buscan reflejar el día a día de un colectivo repartido entre Atención Primaria y el San Agustín. Se trata de un estamento donde la presencia de la mujer es mayoritaria, ya que representan hasta el 80% de la plantilla.
En Primaria, los subalternos se reparten entre los centros de salud. Tan sólo el consultorio de Llaranes cuenta con un celador por la densidad de población que atiende.
El número de celadores en el Hospital San Agustín varía en función del día: 79 los días laborales y 43 los sábados, domingos y festivos. Se distribuyen por todo el hospital, desde el retén que atiende a las unidades de hospitalización al correo interno, almacén general, consultas externas, Anatomía Patológica o Urgencias.
«El trabajo en Urgencias es mucho más variado y es uno de sus atractivos. En las plantas se encuentra todo más protocolizado», comenta Carmen Herrero.
«El trabajo en Primaria coincide con el Hospital en el trato directo con el paciente. Al ser un centro más pequeño, terminamos haciendo de todo. Desde encargarnos de que el centro esté listo a primera hora a trasladar a los pacientes», asegura Tony.
Una actividad intensa y donde las relaciones personales resultan más importantes de lo que puede pensar. «El buen ambiente es fundamental. Trabajamos con grandes profesionales que, además, son grandes amigos, como se ve en las despedidas por una jubilación o en algunos momentos en los que se relaja la actividad», comenta Saavedra. Esa empatía no sólo se produce entre los celadores, también con facultativos y resto de profesionales que saben que en ellos encuentran valiosos colaboradores.
«En un centro de salud, el celador es el único profesional que está en relación con todos los equipos y, de esa manera, sirve como unión entre ellos», comenta Antonio Rodríguez.
Las dimensiones del Hospital y su propio ritmo hacen imposible esa función; pero ello no impide que su trabajo supere los límites del Estatuto del Celador de 1971. «Ahora, tenemos el triage para ordenar la atención a los enfermos; pero cuando llega un paciente muy grave siempre procuramos avisar a las enfermeras», asegura Carmen Herrero.
«El trato con el paciente es muy importante. Intentamos tranquilizarles y darles apoyo emocional, nuestro trato es más personal. Recuerdo que una vez, un paciente, me pedía que no le hiciera de reír más porque le dolía la herida», asegura Pire. «A veces no podemos pasar más tiempo con el paciente porque tenemos más trabajo», comenta Saavedra.
Esa situación también se vive en Primaria. «En más de una ocasión, hemos visto como un paciente se desmoronaba en el mostrador y se ponía a llorar; íbamos con él a un lugar con más discreción y hablamos, y nos contaba cosas de una enfermedad o de su vida que no sabíamos», recuerda Antonio Rodríguez.
Ese cercanía con los pacientes también les convierte en testigos privilegiados de momentos tan duros como es la muerte. «La enfermedad de niños y los accidentes de tráficos con jóvenes es lo más duro. Una vez, me impactó tanto uno que no estuve tranquila hasta que supe que mi hijo estaba bien», recuerda Carmen Herrero.
Antonio Saavedra asegura que «nunca olvidará» una guardia en el Materno Infantil donde, sin avisarle, llegaron en un coche con un niño atropellado, totalmente ensangrentado. «Lo pusieron en mis brazos y salí corriendo buscando un médico a gritos. Era un niño de 5 años, un coche lo había pasado por encima; terminó muriendo», resume.
La situación no cambia mucho en Primaria. «Lo más duro es la enfermedad de un compañero, de un familiar; la muerte de un niño; cuando vivimos el proceso de una enfermedad en una familia», asegura Tony. Todos coinciden que «con el tiempo, te acostumbras a estas situaciones; aunque cuando te tocan más de cerca por ser un familiar o un compañero te siguen impresionando». Antonio Rodríguez señala que «solemos hablar mucho entre nosotros y también es algo que nos ayuda».
Aunque a veces pasan cosas sorprendentes. «Una vez, entré en una habitación y tropecé con un paciente. Pedí disculpas, pero ni se inmutó. Dije al compañero de habitación: menudo sueño más profundo tiene. Al rato, me llamaron para una autopsia y cuando lo vi en la mesa de autopsias creí morir», comenta Montserrat Pire.
Más allá de la anécdota de confusión con médicos o personal de enfermería, los celadores lamentan que apenas sean reconocidos como tales por los usuarios. «Los pacientes ingresados valoran nuestro trabajo positivamente, pero luego, cuando lees las notas de agradecimiento, nunca aparecen los celadores», comenta Montserrat Pire, «sólo recuerdo un caso que citaba expresamente a los celadores».


Artículo publicado en La Voz de Avilés el 3 de marzo de 2014

martes, 12 de noviembre de 2013

Peligro: cáncer de ovarios

Escribir de cáncer siempre pone la piel de gallina. En este caso, afronté uno de los menos mediáticos, pero igualmente devastador para las mujeres: el cáncer de ovarios.

El doctor Rufino Méndez. Foto: Marieta

Sólo el 20% de los cánceres de ovario que se diagnostican en el Área Sanitaria III se realizan de forma precoz, en los estadios I y II de la enfermedad, una situación que complica el pronóstico de una enfermedad que el pasado año padecieron 45 mujeres de Avilés, según explica el doctor Rufino Méndez, del servicio de Ginecología del Hospital San Agustín de Avilés. «En el primer semestre de este año llevamos 25 casos diagnosticados. La cifra será similar a finales de año», explicó el facultativo. Esta situación de diagnóstico tardío es generalizada en todo el mundo y se debe a la ausencia de síntomas específicos de esta enfermedad que, representa el 23% de los cánceres genitales y es el tercero entre los cánceres ginecológicos detrás de los tumores de cérvix y endometrio.
El doctor Méndez destaca que representa el 5% del total de cánceres. «Dentro de las enfermedades oncológicas es la quinta causa de mortalidad de la mujer detrás de mama, colón, pulmón y estómago», señala. En España, se diagnostican unos 33.000 casos anuales.
«Una mujer tiene un 1,5% de probabilidades de desarrollar un cáncer de ovarios en su vida», afirma el ginecólogo avilesino. Entre los factores de riesgo aparece, en primer lugar, la edad ya que, cuanto más avanzada sea, más posibilidades existe de que aparezca. De hecho, la edad media de aparición son los 60 años.
La importancia del diagnóstico precoz incide directamente en el pronóstico de la mujer. Así, a los cinco años la media de supervivencia es del 40%. Sin embargo, cuando el diagnóstico se produce en el estadio I se eleva al 90%. En el estadio II se reduce al 65%. Son los considerados diagnósticos precoces. Las cifras son más dramáticas en los estadios III y IV ya que la media de supervivencia a los cinco años se reducen al 35 y 18%, respectivamente. «Por desgracia, lo habitual es que el diagnóstico se produzca en el estadio III, también algunos casos en el IV» asegura el doctor Méndez.
Uno de lo motivos que provoca un diagnóstico tardío es que «los síntomas son inespecíficos y cuando aparecen suelen responder a tumores avanzados», comenta el doctor Méndez.
Algunos síntomas relacionados con esta enfermedad son el dolor abdominal inespecífico, distensión del abdomen; pérdida de peso, sangrado genital anormal, cambio en el ritmo intestinal o molestias urinarias. «Pero suelen aparecer cuando su desarrollo ya se encuentra avanzado», concluye el ginecólogo avilesino.
Difícil análisis
A ello se une que el diagnóstico precoz «es complicado». Rufino Méndez comenta que de la misma manera que se ha demostrado la eficacia de la citología para la detección rápida del cáncer de cuello de útero, «aún no existe una técnica eficaz de cribado para el cáncer de ovario».
Lo más habitual es la ecografía vaginal. «Es uno de los motivos por los que siempre se recomienda efectuar a las mujeres durante las revisiones ginecológicos», comenta. El médico avilesino apunta que algunos estudios destacan la posibilidad de analíticas concretas, aunque los resultados finales no permitan consolidarlos como técnicas eficaces para un cribado universal para la detección precoz de este tumor.
El escenario termina de complicarse, ya que tampoco existen medidas efectivas de prevención, como pueda ser, por ejemplo, dejar de fumar para reducir el riesgo de cáncer de pulmón. «Existen diferentes factores de protección para las mujeres, como son los embarazos, la anticoncepción oral, una menarquía tardía y una menopausia antes de lo habitual. En general, son factores que reducen el tiempo en el que los ovarios están en actividad», explica.
Por el contrario, los factores de riesgo, según destaca Rufino Méndez, son «los antecedentes familiares, la estimulación de los ovarios o los tratamientos de reproducción asistida».
Además, «hay una serie de factores donde la comunidad científica tiene dudas sobre la influencia en la aparición de este tipo de tumores. No está claro si la ligadura de trompas es un factor protector y también hay dudas en la repercusión del tabaco; el uso del talco en el pañal o la influencia de la terapia hormonal durante la menopausia».
A partir de ahí, una vez confirmado el diagnóstico, la intervención se efectuará en función del estadio de la enfermedad. En todo caso, el sistema de trabajo será similar. En una primera fase, se efectuará una cirugía en el Hospital San Agustín a cargo de uno de los cuatro ginecólogos con experiencia y formación oncológica del HSA.
«El nivel de intervención es en función del estadio. Cuando se encuentra más avanzado, se busca extirpar la mayor parte del tumor posible; en los precoces se hace una cito-reducción para que actúe la quimioterapia», comenta Méndez.
Posteriormente, la mujer recibirá tratamiento de quimioterapia en el Hospital Universitario Central de Asturias. «Desde hace un par de años, en función de la paciente, se aplica quimioterapia intraperitoneal, con un catéter al interior del abdomen», concluye el ginecólogo. Aunque el Hospital San Agustín aplica tratamientos de quimioterapia en su hospital de día médico.
Una vez concluida la quimioterapia, el seguimiento de las pacientes se realiza de forma simultánea en Avilés por el equipo de ginecólogos del Hospital San Agustín y el equipo del HUCA, con citas semestrales que coordinan entre ellos para buscar la mayor comodidad de las pacientes.



Artículo publicado en La Voz de Avilés-El Comercio el 12 de noviembre de 2013

martes, 24 de septiembre de 2013

La epidemia del tabaco

Los efectos negativos del tabaco son un tema recurrente en toda la divulgación sanitaria. Con frecuencia se habla de la Enfermedad Pulmonar Obstructiva Crónica (EPOC), una de las patologías más habituales y asociadas al tabaquismo. Cuenta con su propio día y campañas específicas. Pero siempre es bueno hablar de ella en cualquier ocasión.


Por la izquierda, los doctores José Antonio Gullón y José María García.
Foto: Marieta
Se fatiga con facilidad, es suficiente dar dos pasos para notar que le falta aire, tose con frecuencia... Son algunos de los síntomas de la Enfermedad Pulmonar Obstructiva Crónica (EPOC), una de las patologías más frecuentes en la especialidad de Neumología y responsable de un buen número de ingresos y fallecimientos al año.
«Las estimaciones son que cerca del 10% de la población sufre EPOC en diferentes grados. Recientemente se hizo un estudio en Asturias, Episcan, que elevaba su incidencia hasta el 20% de la población, pero pensamos que existen errores en su elaboración», comenta el doctor José María García García, director de la Unidad de Gestión Clínica de Neumología en el Hospital San Agustín.
En lo que no caben dudas es en su influencia en la calidad de vida de la población. «La Organización Mundial de la Salud la sitúa como la cuarta causa de mortalidad en el mundo y ya ha superado al cáncer de pulmón», comenta José Antonio Gullón, neumólogo del Hospital San Agustín.
Su incidencia en la actividad de un centro como el avilesino es elevada. «En 2012 hicimos un estudio sobre los informes de alta del servicio, de 1.026 altas, 292 correspondían a diagnósticos de EPOC, un 28,5% de los ingresos. Además, sus estancias suelen ser largas, unos siete días de media, y estar asociadas a otras enfermedades, con lo que también son más difíciles de tratar», comenta el doctor Gullón.
La prevalencia aumenta conforme avanza la edad de los pacientes. Así, lo habitual es que los primeros diagnósticos se hagan a los 40 años y hasta los 80. «A mayor edad, más prevalencia y también mayores complicaciones», señala el doctor Gullón.
La epidemia humeante
La explicación de esta incidencia viene de la mano de hábitos asentados en la población desde hace años. Y, sobre todo, uno: el tabaco. «La EPOC se provoca por una inflamación bronquial relacionada, principalmente, por el tabaco que produce una obstrucción en la espiración. De ahí sus síntomas como la fatiga o disnea, la tos. Y las frecuentes agudizaciones de los enfermos», asevera el doctor García.
La enfermedad no surge de un día para otro. En el caso del tabaquismo, sus síntomas aparecen después de varias decenas de años consumiendo. «Los primeros síntomas pueden aparecer a los 40 ó 50 años. A esa edad es aconsejable que los fumadores se hagan una espirometría. Es una prueba sencilla, fácil de hacer en todos los centros de salud y que permite un diagnóstico precoz, fundamental para el tratamiento», comenta el director de la Unidad de Gestión Clínica.
Dentro de la EPOC hay diferentes niveles de gravedad. Existe un primer estadio en el que se encuentra asintomática, aunque ya ha comenzado un daño en los pulmones que avanzará inexorablemente con la vida de la persona. Y, lógicamente, existen niveles más avanzados en los que se expresa en toda su gravedad. Las estadísticas manejadas por los médicos incluyen el conjunto de la patología, con independencia de su gravedad.
Por ese motivo es importante avanzar en el diagnóstico precoz. Y es que, como recuerda el doctor Gullón, «el daño producido en el pulmón no se puede recuperar totalmente. Ahora bien, si una persona con diagnóstico de EPOC deja de fumar, su evolución no será tan negativa como si mantuviese ese hábito», comenta el médico.
La enfermedad no sólo provoca un importante deterioro en la calidad de vida de los pacientes. Un buen número de bajas laborales llevan su firma. Su incidencia en el sistema sanitario es muy importante. «En Neumología es una de las primeras causas de ingreso. Durante los meses de invierno y otoño, cuando se produce el mayor número de agudizaciones, llegamos a tener la mitad de las camas ocupadas por EPOC. Y en Atención Primaria es una de las primeras causas de consulta», asevera el doctor José Antonio Gullón.
Lo normal es que los enfermos registren uno o dos ingresos al año. Incluso, en los más graves, llegan a ser varios al mes. Además, suelen ser estancias largas, con una media de siete días. Y, generalmente, con otras enfermedades asociadas, con la dificultad que eso conlleva a la hora de establecer los tratamientos.
El resumen del balance de la EPOC lo hace el doctor José María García: «Muchos afectados y con una importante pérdida de calidad de vida para los enfermos. Y una importante repercusión para el sistema sanitario». La relación entre tabaquismo y EPOC es tal que el 15% de los fumadores llegan a desarrollar esta enfermedad. Además, si el fumador tiene un diagnóstico de asma, la posibilidad de desarrollar el EPOC es mucho mayor.
«El tabaquismo es su principal causa. En el 90% de los enfermos, el tabaco está detrás. También existen casos de EPOC por inhalación de humos, aunque se encuentra más documentados en lugares donde se usan más cocinas de leña, que en Avilés. La evolución del asma es otra de sus causas, pero menos frecuente que el tabaco», comenta el doctor García.
Existe un último factor que puede provocar esta enfermedad y que es de origen genético. Se trata de un déficit de la enzima Alfa 1 antitripsina. Su carencia provoca que la enfermedad aparezca de forma precoz y con una mayor gravedad. «Esos casos son una minoría. En el Área Sanitaria, tenemos cuatro pacientes», comentó el doctor García.


Artículo publicado en La Voz de Avilés el 23 de septiembre de 2013

martes, 23 de julio de 2013

Una mirada fuera de casa

Desde hace año, médicos de toda Europa intercambian sus experiencias a través del programa HOPE. Este año, un profesional del Hospital San Agustín, el doctor José Manuel Carreira, figuró entre los seleccionados. En su momento, publiqué la noticia. Pero, lo más interesante, era esperar el regreso y conocer su experiencia.


Foto: Marieta
«Ha sido una experiencia plenamente satisfactoria». Es el resumen que el doctor José Manuel Fernández Carreira realiza después de regresar de su estancia de poco más de tres semanas en Lituania, dentro de la trigésimo segunda edición del programa HOPE (Federación Europea de Hospitales y Sistemas de Salud, por sus siglas en inglés) que busca facilitar el intercambio de profesionales en toda Europa. Durante el mes de mayo, conoció el sistema sanitario lituano para concluir en un congreso en La Haya donde los 300 de participantes de toda Europa pusieron en común su experiencia. Además de Carreira, otros tres profesionales asturianos se sumaron a esta convocatoria.
José Manuel Fernández Carreira inició la estancia en Lituania en el Hospital Universitario de Kaunas, la segunda ciudad del país báltico con cerca de 300.000 habitantes. «Es la ciudad con mayor presencia de lituanos, más de la mitad de la población es lituana; en otras ciudades existe un gran número de rusos que se trasladaron durante la ocupación soviética», explica. Allí permaneció durante quince días. Es un hospital de 23 edificios y 7.401 trabajadores, unas magnitudes que triplican al San Agustín.
En Urgencias, por ejemplo, cuentan con un sistema de triage como en Avilés, con la novedad de que, en los casos más leves (definidos con los colores blanco y verde) son resueltos por especialistas en Medicina de Familia.
Durante su participación coincidió con el cirujano italiano Carlo Biagliani, asesor del Ministerio de Sanidad de su país.
Posteriormente, se trasladó a Palanga, una ciudad costera y donde conoció un Hospital de Rehabilitación. «Fue una experiencia muy interesante», resume, «los hospitales carecen de servicios de Rehabilitación como los entendemos aquí. La rehabilitación se hace en un centro especializado y donde se abordan todos los aspectos de la recuperación de la persona, no sólo los sanitarios. Es un sistema muy potente», comenta.
Así, por ejemplo, en el caso de un lesionado medular se abordan temas relacionados con la reinserción laboral y todos los cambios que se producen en su vida. Incluso destacó que su directora es lesionada medular. «En su día fue paciente. Es algo muy interesante», asevera.
El resultado de ambas experiencias se fusionó en la presentación realizada en el congreso final en La Haya, ya en junio. Comprobaron datos muy concretos sobre la salud, como la alta incidencia de enfermedades cardiovasculares, la mayor de Europa y que dobla las estadísticas de España e Italia. «Es algo que se está estudiando. No se saben muy bien las causas. Se fuma, pero no en tanta cantidad como para explicar esos datos».
Sin embargo, la incidencia del cáncer es similar a la de España. «Otro dato de interés es que tienen un problema muy fuerte de tuberculosis ya desde la época soviética y sorprende lo respetuosos que son con el tráfico. Su tasa de heridos y muertos es la mitad de España. La persona que conduce ni se acerca al alcohol», comentó.
También analizaron su organización. «Es muy jerárquica. Es un sistema público, muy parecido al nuestro. Aunque admiten pacientes privados, que pagan una cantidad superior y acceden a otros servicios», señaló. Existen otros elementos peculiares. «Están muy preocupados por la radiación. Es un tema que les preocupa mucho», afirmó.
«Se debería conocer Lituania»
Entre las intensas jornadas también hubo tiempo para conocer la realidad lituana. «Es un país que se debería conocer. Los españoles somos bien recibidos y caemos bien. De hecho, es el segundo idioma que se estudia», explicó. Además, disfrutó de un tiempo privilegiado. «Cuando hablaba con Asturias, me comentaban el mal tiempo, la lluvia y el frío; mientras disfrutábamos de una hermosa primavera».
Junto con la belleza del país y una rica historia, Carreira también destaca que otro de los elementos de interés es «lo barata que está la vida. Los precios vienen a ser una tercera parte que aquí», aseguró.
En su caso, contó con la ventaja de que un amigo, el gijonés Manuel Marqués, participaba en esas fechas en un intercambio europeo. «Es una gran ventaja que te reciban en el Aeropuerto con una tarjeta SIM del país», comenta. Junto a ello, los anfitriones lituanos se volcaron con el médico español e italiano. «Su comportamiento fue extraordinario. No sé si nosotros seríamos igual de amables», resume Carreira.
El médico avilesino destaca la amabilidad de los lituanos. «El país está muy marcada por la ocupación soviética y aún se nota en la arquitectura de las ciudad. Hubo mucho sufrimiento, también en la Segunda Guerra Mundial», asegura.
Fueron años en los que los lituanos fueron 'secuestrados' de Europa. «Al tiempo es un país con una historia muy rica y que tratan de recuperar», apunta. El trato con los lituanos también permitió conocer su «gran religiosidad», en la que destaca la devoción existente por el Beato Juan Pablo II.
«Ha sido una experiencia plenamente satisfactoria; muy intensa. Te permite ver tu propia realidad en perspectiva; además de aprender en el intercambio con otros profesionales. Todos esos contactos que se establecen continuarán en el futuro», aseguró Carreira para seguir cimentando la Europa de la sanidad.

Publicado en La Voz de Avilés el 15 de julio de 2013